martes, 10 de enero de 2017

Trump al rescate de Occidente.

El presidente electo Donald Trump, ha sido el centro de muchos ataques y análisis, en especial en torno a lo que ha sido su discurso en torno a temas de política exterior, donde las tensiones se han disparado en distintas direcciones y dimensiones, afectando desde el mercado bursátil, hasta la percepción de crecimiento de algunos países en regiones dependientes de los ingresos por fabricar con mano de obra barata. Pero en otros aspectos, alejados de lo económico, se acerca su discurso a un reordenamiento de la política internacional, las potencias tienden a tener un comportamiento distinto al acostumbrado en los últimos veinte años, donde las prioridades de la agenda estaban dirigidos a los soft issues DDHH, Objetivos del Milenio, Integración regional, discursos centro-periferia, entre otros.

Ahora es distinto, desde hace 16 años, con la tragedia de las Torres Gemelas, Occidente entró en una guerra que no termina de asumir, ni por la identificación de los actores y mucho menos por las formas en la cuales se ha desarrollado. Sobre el primer punto, los Estados que conforman la Sociedad Occidental, han desviado la atención sobre el conflicto de civilizaciones en el que estamos inmersos, y se han preocupado por llevar la identidad del adversario a un campo limitado, el terrorismo. En cuanto el segundo aspecto, la forma del conflicto, el error fue limitarlo en términos de la guerra irregular y darle un espacio y tiempo que representan una ventaja para el adversario.

La gran pregunta es ¿quién es el enemigo? Pues la respuesta es sencilla, el Islam, pero no como religión, sino como civilización. Para el islámico todo es Islam, la comida, vestimenta, religiosidad, espiritualidad, política y sociedad, ¡Todo es Islam! Pero no todo el Islam es negativo, de hecho es una religión hermosa, de profundos conocimientos y principios espirituales. Sin embargo, es una amenaza para Occidente, sus grupos radicales y fanáticos han expandido sus límites de violencia, crueldad y sorpresa frente a la Sociedad Occidental y frente a otros islámicos, utilizando el terrorismo y la guerrilla como forma de combate en todo el mundo.

El reto de Trump es aliviar las tensiones con Rusia, mejorar las relaciones con Asia, y enfrentar la amenaza islámica que afecta a EEUU y Europa. Su voluntad parece estar orientada a la protección y generación de riqueza en su país, y a una política exterior fuerte, que regrese a Estados Unidos a la élite de Occidente frente a las potencias europeas. Muchos lo llaman racista, fracasado, resentido, e incapaz; todos se equivocan, Trump ha regresado el discurso agresivo a la política exterior de las potencias, es una ventaja frente a los años de paciencia y pacifismo de los cuales los grupos extremos y expansionistas del Islam se beneficiaron.


Hoy en día los islámicos piden y manifiestan cambios en las normas occidentales en nuestros territorios producto de una tolerancia mal entendida y una diversidad, que como consecuencia del terrible concepto del multiculturalismo y la transculturización, se ha convertido en una bandera solo para beneficios de minorías. En nombre de la misma civilización Occidente se suicida. El mayor de los problemas de Trump será devolver la hegemonía a EEUU frente a sus aliados occidentales, incluyendo una América Latina que empieza a despertar del letargo de izquierda que la ha atacado y conquistado durante décadas. Volver al realismo, olvidarse de lo políticamente correcto, retomar políticas de desarrollo interno que le permitan a EEUU tener la riqueza para afrontar las amenazas en seguridad y defensa, promover un mayor apoyo al Estado de Israel, y aplicar nuevos controles para evitar ser blancos del terrorismo islámico en el hemisferio.

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