lunes, 30 de enero de 2017

Hierocracia: de Gregorio VII a Bonifacio VIII.

La Hierocracia es definida para los occidentales como el poder que tienen los miembros de la iglesia sobre todos las formas de organización política y social que tiene el ser humano. El origen de esta palabra hieros, que significa sagrado o divino, y kratos, poder; su traducción exacta hace referencia al poder sagrado o el poder de lo sagrado sobre todos los aspectos terrenales y temporales. Para Weber, la hierocracia era la explicación a todos los elementos de la vida del hombre desde la perspectiva religiosa.

La existencia de la dualidad entre el poder espiritual (sagrado) y el poder temporal (laico) será motivo de muchos conflictos internos para occidente, uno de sus puntos más difíciles fue la querella de las investiduras y sus consecuencias en toda Europa. A continuación se detallarán esas etapas, se le dará un orden lógico para entender uno de los períodos de mayor conflictividad política y religiosa de la Iglesia Católica Apostólica y Romana.

Todo comienza con la muerte del Papa Alejandro III, y la elección de Gregorio VII como nuevo máximo jerarca de la Iglesia, reformador de la época de León IX, que tenía un ideal claro sobre las separaciones del poder eclesiástico y el poder temporal, siempre en beneficio del primero, que se vieron reflejadas en sus proposiciones “Dictatus Papae” del año 1075. En el año 1073, en el Sínodo de Cuaresma, el Papa ya había condenado la intervención Laica en los asuntos eclesiásticos, este hecho tendrá su repercusión cuando Enrique IV Emperador del Sacro Imperio Germánico, rechace las imposiciones y limitaciones que tendría la Iglesia sobre su poder y escriba una carta al Papa y al mismo tiempo convoque a una Dieta en Worms, hecho por el cual es excomulgado en el año 1976.

Tras una entrevista, Enrique IV pediría un perdón y mostraría arrepentimiento por el cual sería perdonado; sin embargo, la paz en tierra duró poco. En 1077 Enrique IV se arma en contra del Papa, esta vez con mayor apoyo, pero con el mismo resultado en 1980 es derrotado por Gregorio VII. Sin embargo, esta derrota aunque absoluta, fue temporal, el Papa murió en 1085 sin poder alguno, y en el exilio. Durante 100 años, se repetiría la historia con Inglaterra y Francia, con el mismo fin, el poder de la Iglesia aumentaba cada vez más, los clérigos tenían acceso a títulos nobiliarios, tierras, entre otros. La Iglesia se reservaba todos los beneficios para si, y la potestad de juzgar a todo aquel que tuviera una envestidura sacerdotal.

Historiográficamente aquí se acaba el conflicto de las investiduras, pero no sus consecuencias. El apogeo papal empieza con Inocencio III, el árbitro exaltado a Papa en el año 1198, para muchos uno de los mejores máximos jerarcas de la Iglesia. Como representante de Pedro, tal vez uno de los más completos, buscó la forma de penetrar en todos los niveles del poder secular, una de sus mayores obras fue el “Novit Ille”, en el cual intenta buscar la Paz entre Francia e Inglaterra, mediando con la excusa y potestad que tenía para garantizar que ningún hombre cometiera pecado.

La decadencia de la hierocracia llegaría un siglo después con los conflictos entre Bonifacio VIII y Felipe El Hermoso, nieto de San Luis. Bonifacio VIII era conocido por su extrema voluntad inquebrantable que rozaba la terquedad, y por su fuerte postura sobre el imperio de la Iglesia sobre todos los asuntos del hombre, incluyendo la política. Los roces empezaron por el cobro de tributos a la Iglesia por parte de Felipe, y el recrudecimiento llevó al rey a decretar la salida de oro y plata de su territorio.

Bonifacio logró solucionar el asunto pero no fue suficiente, Felipe El Hermoso condenaría a un Arzobispo de la Iglesia a cadena perpetua por blasfemia, y Bonifacio respondería con la “Ausculta fili” y la “Unam Sanctam”, esta última es la bula donde se resume toda la doctrina hierocrática de toda la Iglesia Católica, sin embargo Felipe ganó, y dio origen a un período de casi tres cuartos de siglo, que se llamó el Pontificado de Aviñón. Durante esta etapa, la iglesia estuvo supeditada a la monarquía francesa, y fue en este período cuando comenzó una de las peores persecuciones de la historia religiosa, la disolución de la Orden del Temple.

domingo, 22 de enero de 2017

“God Bless America” Trump y la religión. Crisis Occidental.

La inauguración o toma de posesión de Donaldo Trump, ha causado y sigue causando controversias en las primeras 24 horas del evento. Debates van y vienen en redes sociales, foros abiertos por medios de comunicación, y analistas en sus cuentas personales emiten sus juicios, todos enfrentados por la sola imagen de Trump en el poder. Pocos han podido interpretar lo ocurrido, y en este artículo, se tratará de dar una respuesta desde una perspectiva relacionada con la Política y la Religión.

La toma de posesión se hizo de acuerdo a los estándares, el Presidente Electo, abandonaba su residencia provisional para asistir a un servicio religioso en un templo, este caso se decidió por la Iglesia de San Juan, interesante elección por el simbolismo; pero mejor aún porque con su asistencia a la ceremonia eclesiástica, Trump mantiene la tradición. Luego del acto, fue trasladado a la Casa Blanca, sitio donde lo recibiría Barack Obama con su esposa, y de allí al Capitolio.

En la sede del Congreso se realizó el acto según el protocolo, primero una entrada protocolar de Dignidades, propia de un país desarrollado, luego unas sabias palabras del Maestro de Ceremonias, posteriormente hubo breves intervenciones de los máximos dirigentes de algunas iglesias que hacen vida en EEUU, todas haciendo énfasis en la relación Política-Religión-Sociedad. Al terminar la primera ronda de clérigos, hubo una presentación del Coro de la Universidad Estatal de Missouri  y procedió el Maestro de Ceremonias a presentar al Senador Chuck Schumer, del Estado de New York, quién resaltó que se viven tiempos turbulentos y solo la confianza en las instituciones hará que Estados Unidos sobreviva a las crisis, y terminó haciendo un llamado a la unidad del pueblo y las instituciones.

El momento cumbre de la Inauguración se acercaba, el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de los EE. UU. Juramentaba a Mike Pence como Vicepresidente, y luego Trump tomaría juramento sobre dos biblias, la de Abraham Lincoln y la que le regalara la madre del presidente electo a su hijo cuando era adolescente. El Discurso de Trump fue corto, lleno de frases simples que atravesaron la realidad de los norteamericanos, fue proteccionista y giró en términos de empleo, educación y seguridad. En un segundo plano, mencionó que las relaciones exteriores, la migración y economía son y deben ser las banderas de los Estados Unidos.

No hubo detalles en política exterior, esta vez solo se refirió al Islam radical diciendo que lo iba a borrar de la faz de la Tierra. No especificó políticas para el resto de América, ni con Organismos Intergubernamentales, lo cual hace suponer que mantendrá su postura en casos como el de México, Venezuela, Cuba, China, OTAN, y Rusia. Con respecto al hemisferio occidental, recalcó la necesidad de retornar a su nación como un foco de Luz en la obscuridad.

Al terminar su discurso con el respectivo “God bless America”, le siguieron otros pastores y un rabino bendiciendo al pueblo, al nuevo gobierno y a EE.UU., y el Maestro de Ceremonias, dio por concluido el acto.

De lo anteriormente relatado se pueden establecer varios puntos de referencia:
1.       La principal potencia de Occidente es laica pero con profundo respeto a lo religioso, en especial por su vínculo con la sociedad y la capacidad de religar, o unir, a los miembros de las comunidades en torno a su fé.
2.       Trump tiene una agenda proteccionista, conservadora, de desarrollo económico y demostración del poderío militar en función de objetivos racionales.
3.       EE.UU. está estructurada como una Democracia en todo el sentido de la palabra, respeto a resultados electorales, 45 transiciones pacíficas, respeto a las minorías, a las libertades políticas y económicas, justicia, tolerancia, institucionalidad, y equilibrio entre poderes. Son un ejemplo para Occidente.
4.       Trump peca al entender la beneficencia en forma negativa, debería asesorarse en ese tema, pues sobre ella está construido parte del sistema axiológico occidental. Si quiere definirla y limitarla, está bien, pero eliminar la responsabilidad social del Estado, sería un gran error.
5.       Trump, es la bandera del restablecimiento de los temas clásicos de la agenda política mundial, en especial de Occidente, a saber Seguridad y Defensa, Economía y Religión.

martes, 10 de enero de 2017

Trump al rescate de Occidente.

El presidente electo Donald Trump, ha sido el centro de muchos ataques y análisis, en especial en torno a lo que ha sido su discurso en torno a temas de política exterior, donde las tensiones se han disparado en distintas direcciones y dimensiones, afectando desde el mercado bursátil, hasta la percepción de crecimiento de algunos países en regiones dependientes de los ingresos por fabricar con mano de obra barata. Pero en otros aspectos, alejados de lo económico, se acerca su discurso a un reordenamiento de la política internacional, las potencias tienden a tener un comportamiento distinto al acostumbrado en los últimos veinte años, donde las prioridades de la agenda estaban dirigidos a los soft issues DDHH, Objetivos del Milenio, Integración regional, discursos centro-periferia, entre otros.

Ahora es distinto, desde hace 16 años, con la tragedia de las Torres Gemelas, Occidente entró en una guerra que no termina de asumir, ni por la identificación de los actores y mucho menos por las formas en la cuales se ha desarrollado. Sobre el primer punto, los Estados que conforman la Sociedad Occidental, han desviado la atención sobre el conflicto de civilizaciones en el que estamos inmersos, y se han preocupado por llevar la identidad del adversario a un campo limitado, el terrorismo. En cuanto el segundo aspecto, la forma del conflicto, el error fue limitarlo en términos de la guerra irregular y darle un espacio y tiempo que representan una ventaja para el adversario.

La gran pregunta es ¿quién es el enemigo? Pues la respuesta es sencilla, el Islam, pero no como religión, sino como civilización. Para el islámico todo es Islam, la comida, vestimenta, religiosidad, espiritualidad, política y sociedad, ¡Todo es Islam! Pero no todo el Islam es negativo, de hecho es una religión hermosa, de profundos conocimientos y principios espirituales. Sin embargo, es una amenaza para Occidente, sus grupos radicales y fanáticos han expandido sus límites de violencia, crueldad y sorpresa frente a la Sociedad Occidental y frente a otros islámicos, utilizando el terrorismo y la guerrilla como forma de combate en todo el mundo.

El reto de Trump es aliviar las tensiones con Rusia, mejorar las relaciones con Asia, y enfrentar la amenaza islámica que afecta a EEUU y Europa. Su voluntad parece estar orientada a la protección y generación de riqueza en su país, y a una política exterior fuerte, que regrese a Estados Unidos a la élite de Occidente frente a las potencias europeas. Muchos lo llaman racista, fracasado, resentido, e incapaz; todos se equivocan, Trump ha regresado el discurso agresivo a la política exterior de las potencias, es una ventaja frente a los años de paciencia y pacifismo de los cuales los grupos extremos y expansionistas del Islam se beneficiaron.


Hoy en día los islámicos piden y manifiestan cambios en las normas occidentales en nuestros territorios producto de una tolerancia mal entendida y una diversidad, que como consecuencia del terrible concepto del multiculturalismo y la transculturización, se ha convertido en una bandera solo para beneficios de minorías. En nombre de la misma civilización Occidente se suicida. El mayor de los problemas de Trump será devolver la hegemonía a EEUU frente a sus aliados occidentales, incluyendo una América Latina que empieza a despertar del letargo de izquierda que la ha atacado y conquistado durante décadas. Volver al realismo, olvidarse de lo políticamente correcto, retomar políticas de desarrollo interno que le permitan a EEUU tener la riqueza para afrontar las amenazas en seguridad y defensa, promover un mayor apoyo al Estado de Israel, y aplicar nuevos controles para evitar ser blancos del terrorismo islámico en el hemisferio.