miércoles, 29 de junio de 2016

La religión de los antiguos: Introducción

En el proceso de evolución física, mental y espiritual del hombre, se pueden observar distintos elementos que determinan distintas etapas, desde las cavernas hasta nuestros días, ese transitar ha hecho que el hombre se haga más complejo biológicamente y con esto, más profundo intelectual y espiritualmente. Sin embargo, ¿cómo era la religión de los antiguos? Esa que acompañó al ser humano y lo sigue conduciendo por caminos de mitos y leyendas que reflejan profundas realidades, era una religión primitiva.

La religión de origen, aún en su diversidad, parte del principio del cuestionamiento del individuo al cosmos. En la caverna, esos seres se vieron así mismos limitados, rudimentarios, al descampado, frente a grandes amenazas; cómo resultado se preguntaron sobre su origen, sobre su razón de existir, y en su limitada razón atribuyeron esa existencia a fuerzas sobrenaturales que se encontraban en todo lo que les rodeaba. Desde el suelo hasta el cielo, todo lo que alcanzaba su vista estaba determinado por alguna divinidad que pudiera ser más o menos hostil, dependiendo de la propia naturaleza.

Esos primeros hombres fueron entendiendo que su relación con la naturaleza y con su divinidad era sagrada, y conforme fueron procesando esa información se establecieron los primeros rituales de caza, recolección, alimentación, reproducción, y muerte. Los más famosos eran los ritos que preparaban a los hombres para la caza, el respeto al animal que iban a ingerir y los ritos funerarios. A eso debía agregarse la relación existente entre las nacientes formas de organización primitivas, que dependían de la valoración y capacidad religiosa de los individuos, es decir, los grupos nómadas que biológicamente detectaban al macho alfa y este se ganaba el liderazgo por fortaleza, ahora contarían con chamanes o sabios ancianos que conectaban con la divinidad a través de cualquier instrumento y descifraban un mensaje para asesorar al líder y dirigir algunas ceremonias.

Posterior al dominio del fuego y producto de la incitación a movilizarse para luego establecerse, comienzan las nacientes civilizaciones a abandonar el nomadismo y a anclarse de forma sedentaria en alguna región, sea esta hostil o no. Con los primeros grupos aparecieron nuevas deidades que respondían a las mismas interrogantes anteriores y que generaban un nivel de abstracción más alto, el conocimiento del ciclo solar y del ciclo lunar producto de la observación durante siglos, instituyó el culto a divinidades relacionadas no solamente con los elementos que le rodeaban sino con el calendario, y de allí la organización para los períodos de siembra y cosecha.

La religión de los antiguos siguió evolucionando, conforme los medios y las herramientas dejaron de ser de hueso para convertirse en metales procesados, y con el aumento del comercio entre las comunidades y la asociación política, también crecieron los dioses en cantidad y diversidad de ritos, se dio paso a la adopción y al sincretismo religioso que hoy en día sigue marcando cada corriente del mundo. Sin embargo, nada fue tan influyente desde un principio como la capacidad de adoptar como deidades a representaciones de humores, aptitudes, actitudes, virtudes y vicios del hombre propiamente dicho, y con esto, el panteísmo religioso surgió marcando hasta nuestros tiempos el clima cultural, social, económico y político de la humanidad.


Todos los símbolos, desde el astro rey hasta el trueno, han sido considerados partes de mitos que pretenden enseñarle al hombre que existe un fin último, un retorno a la naturaleza, una esencia que no es posible disipar, un espíritu en la lucha, en el campo, en la vida y la muerte, una corriente de voluntad que le impulsa a mejorarse en todos sus aspectos, para ello está la religión, la que sea, con sus características, con tantas diferencias, pero con una estrecha relación con la inmortalidad del alma, la perfección moral del hombre y la creencia en una realidad superior que debe ser concebida como posible por el trabajo físico y moral.

No hay comentarios:

Publicar un comentario