jueves, 26 de mayo de 2016

Occidente en crisis.

                La civilización Occidental, a la cual pertenecemos, está en crisis, ya lo avisaba Oswald Spengler en su obra “La decadencia de Occidente” a principios del siglo XX, bien lo podemos observar en nuestras realidades por cada nivel de análisis, en cada Estado que le conforma, población, ciudadanía y en la individualidad.

                Primero se debe ubicar el término “civilización”, lejos del concepto entendido como la condición que caracteriza al apego de las normas y buenas costumbres, y cercano a un entendimiento macro sobre el conjunto de individuos que tienen elementos comunes entre sí, especialmente valores, formas de organización, y regionalización; en especial, teniendo una evolución común, con pocos rasgos de diferencia interna, es decir, entendemos por civilización como una unidad de estudio conformada por un conjunto o masa relativamente homogénea en términos axiológicos, con un origen común y desarrollo parecido, con múltiples relaciones internas que la hace viva y constante movimiento en términos físicos y metafísicos.
               
Entendemos entonces que el mundo, por encima de los Estados, está conformado por civilizaciones, que agrupan a esas unidades políticas territoriales, y entenderlo, nos ofrece la posibilidad de analizar conflictos más complejos que comúnmente asociamos a enfrentamientos entre Estados y en el mejor de los escenarios abrogamos a las fuerzas profundas. Tal es el caso del mundo actual donde podemos observar a tres civilizaciones en constante conflicto, en especial, con la Sociedad Occidental, como es la civilización China, y la Islámica.

                En el caso de los asiáticos se deben considerar elementos de occidentalización que hacen que las tensiones más allá de la diplomacia, se pueden enfocar desde una perspectiva económica, aunque es el comercio precisamente una de las formas de interacción entre civilizaciones, este comercio entendido como universal, se refiere a cualquier tipo de intercambio, y salvo en casos como lo ocurrido en Vietnam y hoy en día en Korea del Norte, no existen otros conflictos que no sean los de la expansión eminentemente económica.
               
Caso distinto ocurre con la Civilización Islámica, la cual se encuentra en conflicto directo con todos los que le rodean, pues se encuentra en completa expansión física, es decir, cada vez ocupa más territorio, para ello usa un instrumento que hace que su caracterización se muy fuerte, la fe en el Islam. La religiones forman parte de las civilizaciones, cada una tiene un mito y una estructura que va marcada, entre otros elementos por el origen geográfico y la estructura de poder, es decir, las religiones son a las civilizaciones, el marco en el cual se enseña a través del uso de ideas asociadas a la divinidad, parte de la historia y la visión que el conjunto tiene con respecto al ambiente que le rodea.
               
El Islam, una civilización y religión que nacieron detentando el poder político y en constante pugna interior sobre las interpretaciones de las palabras del profeta Mahoma, es la Sociedad de mayor expansión que existe actualmente, ha entrado en conflicto directo con Occidente, usando el terrorismo en el caso de la violencia política, y la fe para expandir sus valores y esencia.
               
Occidente en crisis, no se encuentra a si misma, intenta hacer uso de sus herramientas para frenar la expansión islámica violenta, pero no lo logra, pues se han cometido graves errores, entre ellos, considerar que la Declaración Universal de Derechos Humanos, era realmente universal, sin entender que era un producto occidental, impuesto al resto del mundo que no comparte esos principios. Esto ha provocado que la tolerancia se convierta en aceptación y pasividad total frente al adversario, y como consecuencia, en juicios internos, contradicciones fuertes y respuesta lenta ante las amenazas que requieras ser combatidas sin tanta burocracia ni resistencia.
               
Pero esto no es todo, la principal Institución de Occidente, la Iglesia Católica Apostólica y Romana, se encuentra en uno de los peores momentos de su historia desde que se fortaleciera y expandiera en sus orígenes formales. Ha perdido fieles, seguidores, miembros activos, la corrupción es pública y los esfuerzos por depurarla insuficientes, restándole credibilidad institucional y debilitando los fundamentos axiológicos de buena parte de Occidente.
               
Otro elemento que juega en contra, es el continuo resurgimiento de los gobiernos de izquierdas, que desde una visión crítica, totalmente desactualizada, y poco útil, no se percatan de los riesgos y se alían con Estados no Occidentales en perjuicio de los que sí lo son. Este error, además de ser producto de las pasiones más bajas de la política, tiene su origen en una visión más reduccionista en las Relaciones Internacionales, según la cual debe existir una lucha constante entre el Imperio y los gobiernos revolucionarios, hasta que el primero caiga.
               
En definitiva, si Occidente desea sobrevivir, debe regresar a sus orígenes, encontrarse, volver a entender como sociedad que los principios y valores deben evolucionar en una dirección coherente, y que existen adversarios que no se organizan como Occidente ha querido que lo haga el mundo, tienen sus formas propias y avanzarán con ellas hasta el final. 

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