martes, 15 de marzo de 2016

Reflexiones sobre el Cristianismo Primitivo

Reflexiones sobre el Cristianismo Primitivo

El Cristianismo como movimiento religioso debe definirse, como la corriente de fe fundamentada en la creencia de la existencia de Jesús de Nazaret, hijo de Dios, que después de los 30 años, enseñó en la antigua región de Palestina, una serie de principios espirituales a sus discípulos, entre ellos y tal vez el más importantes se destacan el amor al prójimo y la inmortalidad del alma a través de la resurrección. Sin embargo, no es el ancla fundamental de esta corriente, cuyo mayor misterio se encuentra en el hecho de que Jesús, el hijo de la Virgen María, después de haber sido traicionado, sufre la Pasión, Muerte y Resurrección.

La resurrección de la carne, es en conjunto con La Santísima Trinidad, uno de los misterios mayores de la Iglesia, fundamento de la fe cristiana y principio dogmático que busca explicar la inmortalidad del alma. Aun cuando ha sido considerado por algunos de forma literal, hay vertientes que se refieren a una resurrección simbólica para los fieles. Lo importante de este hecho es que se le atribuye a Jesús la capacidad de resucitar; cerrando un esquema completo de relaciones mágico religiosas que empiezan en la infancia temprana y terminan con el ascenso a los cielos.

Pero los milagros no fueron el motivo real por el cual el cristianismo se expandió. Primero debemos dar por un hecho que si existió un judío carismático de nombre Jesús que violentó las normas tradicionales de los abrahamitas, en una época difícil para los habitantes de Palestina; el imperio Romano dominaba la región, catalogada de conflictiva por las constantes revueltas de varios sectores de la población judía y en especial del Rey Herodes, teniendo su origen en el rechazo a  las condiciones del Imperio Romano, no querían obedecer al César porque sólo respondían ante la Ley de Dios de Moisés.

Jesús surge entre muchos otros líderes de la época con un discurso distinto, espiritual, lleno de amor al prójimo y cargado de profundas reflexiones sobre la trascendencia espiritual, el trabajo, la ayuda entre hermanos, el perdón, y una versión más sencilla del monoteísmo judío, el Dios Padre.

Tras el ascenso al cielo, los apóstoles siguieron con estas enseñanzas, multiplicándose entre ellos y generando distintas corrientes primitivas del cristianismo, que a grandes rasgos describiremos como:

1. Judeo-Cristianismo, que seguía la tradición judía y según la cual el mesías era Jesús.
2. Cristianismo Gnóstico: mezclaba el esoterismo egipcio con las enseñanzas del Nazareno como representante del principio generador.
3. Cristianismo Romano, que posteriormente se llamó Catolicismo.

El Cristianismo se expandió muy fácilmente por tres razones, la primera es que existía una crisis en la civilización romana, y la hospitalía esenia que había heredado el cristianismo era un elixir para la sociedad. La segunda es el simplismo del monoteísmo judío, que frente al politeísmo romano, representaba un alivio para entender los fenómenos que la razón no permitía explicar. Y el tercer punto, que se desarrolló más adelantada la expansión, fue la adopción del calendario pagano que permitía a las sociedades conversas seguir disfrutando de los placeres que tenían, e ir haciendo una transición entre la cultura decadente y la naciente.


El Cristianismo primitivo es la base de los valores occidentales, y sus misterios deben ser estudiados para recuperar parte de lo que somos.